Las obras de pintura y restauración ya dejan ver el renovado aspecto de las torres, destacando tonos gris, rojo colonial y molduras blancas que buscan devolver unidad al conjunto arquitectónico del centro histórico.
La remodelación exterior de la Catedral de Rancagua comienza a mostrar importantes avances, especialmente en sus emblemáticas torres, donde ya se aprecia la nueva propuesta cromática que combina cúpulas en tonos grises, caras en rojo colonial y detalles en blanco. El trabajo busca realzar el valor patrimonial del templo y armonizar visualmente con la tradicional Casa Parroquial ubicada junto al edificio religioso.
Para muchos rancagüinos, los colores de la Catedral forman parte de la memoria de distintas generaciones. Algunos recuerdan el histórico tono gris que marcó por décadas la imagen del templo. Posteriormente, hace cerca de 25 años, la estructura fue pintada en un amarillo pálido y, tras el terremoto de 2010, adoptó un tono rosado que generó diversas opiniones entre la comunidad.
Con esta nueva intervención, el rojo colonial aparece como una apuesta que devuelve carácter y coherencia arquitectónica al conjunto, resaltando además los detalles ornamentales y la presencia histórica de uno de los edificios más reconocidos de Rancagua. Las obras continúan avanzando y ya comienzan a generar comentarios positivos entre vecinos y visitantes del centro de la ciudad.



