Tras la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei el 28 de febrero, volvió a tomar relevancia el alcance del poder económico construido durante sus décadas al frente del país. Una investigación de Reuters señaló que la organización Setad, vinculada directamente a su oficina, llegó a controlar activos valorados en cerca de 95.000 millones de dólares, con presencia en sectores estratégicos como petróleo, finanzas e inmuebles.
El reportaje indicó que numerosas propiedades fueron confiscadas mediante fallos judiciales que las declaraban “abandonadas” o pertenecientes a opositores, permitiendo su posterior administración y venta bajo control estatal. Analistas sostienen que esta estructura fortaleció la autonomía política y financiera del liderazgo supremo, en un momento en que Irán enfrenta una compleja transición tras su fallecimiento.





