- Las precipitaciones convectivas, el granizo y las lluvias concentradas en cortos períodos podrían seguir afectando a Chile central en los próximos meses. Especialistas llaman a fortalecer la prevención y la preparación de las comunidades frente a eventos extremos.
Las lluvias intensas, las granizadas y los eventos meteorológicos extremos registrados durante las últimas semanas en Chile central han vuelto a poner en evidencia los riesgos asociados a un clima cada vez más variable. En un escenario marcado por la presencia del fenómeno de El Niño y proyecciones que apuntan a condiciones que podrían mantenerse hasta marzo, especialistas advierten que la preparación ante posibles emergencias será fundamental durante la primavera y el verano.
Raúl Valenzuela, académico de la Universidad de O’Higgins (UOH) e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explica que las condiciones actuales favorecen la ocurrencia de nuevos episodios de precipitaciones. Sin embargo, advierte que su distribución representa un desafío para los pronósticos y la prevención.
“Dado que estamos en un Niño bastante fuerte, que deja harto vapor de agua y una atmósfera más cálida, es probable que sigamos teniendo estos eventos”, señala. El investigador agrega que las lluvias convectivas, a diferencia de las precipitaciones invernales más extendidas, pueden concentrarse en sectores muy específicos, incluso a pocos kilómetros de distancia entre un lugar y otro.
Esta característica exige mantener la atención en los pronósticos, aunque no se registren precipitaciones en todos los sectores de una comuna o localidad.
Riesgo en zonas cordilleranas y precordilleranas
La intensidad de las tormentas también puede favorecer procesos de remoción en masa, especialmente en áreas de pendientes pronunciadas, quebradas y terrenos con escasa cobertura vegetal.
Jorge Romero, también académico de la UOH, advierte que las tormentas intensas y las precipitaciones concentradas en poco tiempo pueden incrementar el peligro en zonas cordilleranas, precordilleranas y de piedemonte. Entre los sectores que requieren especial atención menciona aquellos afectados recientemente por incendios forestales, donde la pérdida de vegetación puede aumentar la vulnerabilidad del terreno.
“Vamos a ver un incremento en estas tormentas intensas con desarrollo de fenómenos de granizo, concentradas en poco tiempo, y eso va a aumentar considerablemente el peligro de generación de remociones en masa”, sostiene.
Frente a este escenario, el académico llama a reconocer las características del territorio y evitar quebradas
o zonas deprimidas donde puedan concentrarse flujos de agua. También recomienda informar a las autoridades sobre la presencia de basura o escombros en cauces y quebradas, además de seguir las alertas de los organismos oficiales.
La preparación comunitaria como herramienta de prevención
La prevención, sin embargo, no depende únicamente de los pronósticos y de la respuesta de los servicios de emergencia. Para Christine Eriksen, investigadora de ETH Zúrich, quien participó en la Universidad de O’Higgins del Primer Encuentro de Reducción de Riesgo de Desastres y Gobernanza Territorial, es fundamental fortalecer la capacidad de las comunidades para reconocer los riesgos de su entorno, organizarse y actuar oportunamente. Esto implica conocer las rutas de evacuación, identificar fuentes confiables de información y reconocer a las personas que podrían necesitar ayuda durante una emergencia.
“La comunidad ayuda a ampliar la capacidad de respuesta de estos servicios”, sostiene la especialista, quien advierte que la preparación debe considerar también las características sociales y territoriales de cada localidad. En ese sentido, alerta sobre la expansión de viviendas hacia laderas y terrenos expuestos a deslizamientos, aluviones e inundaciones, una situación que puede agravar las consecuencias de las lluvias extremas.
“Es urgente difundir este tipo de información”, enfatiza Eriksen, quien plantea que comprender el entorno local y los riesgos asociados a los lugares donde se habita es parte esencial de la prevención. Así, junto con el monitoreo meteorológico y las alertas tempranas, la organización comunitaria puede contribuir a reducir la vulnerabilidad y mejorar la respuesta ante eventos extremos.




