Por Jaime Vicente, gerente comercial de Silbertec
La industria del packaging en Chile es un sector clave para la economía nacional, representando más del 1,3% del PIB, con un valor que supera los US$1.800 millones anuales. Sin embargo, su impacto va más allá de la economía, convirtiéndose en un elemento fundamental en la lucha contra el desperdicio de alimentos y en la continuidad operativa de empresas de todos los tamaños.
Durante la pandemia, se evidenció la importancia del packaging, que, lejos de detenerse, creció de manera sostenida a nivel global. Los envases no solo protegen los productos, sino que aseguran su inocuidad, higiene y conservación. En un mundo donde existen regiones afectadas por el hambre extrema, reducir las pérdidas alimentarias se ha vuelto un desafío productivo y un imperativo ético.
Las innovaciones tecnológicas en el sector han permitido avances significativos en el envasado. Desde atmósferas modificadas hasta envases de alta barrera y aditivos especializados, estas soluciones alargan la vida útil de los alimentos y minimizan las mermas en la cadena logística, generando ahorros sustanciales. A su vez, el auge del delivery, el comercio electrónico y el consumo planificado han cambiado los hábitos del consumidor, que ahora compra de manera más racional y menos impulsiva, favoreciendo, por ejemplo, el crecimiento del pan envasado frente a las tradicionales panaderías en supermercados.
A este fenómeno se le suma un desafío estructural en Chile: la escasez de mano de obra. En este contexto, la automatización inteligente se perfila como una solución estratégica. No se trata únicamente de robots sofisticados, sino de procesos que reemplazan tareas manuales por máquinas más eficientes, liberando a los recursos humanos para labores de mayor valor. Desde líneas capaces de producir hasta 200 hamburguesas por minuto hasta equipos adaptados a las necesidades de pequeños productores, la automatización ya no es exclusiva de grandes empresas. Las PYMEs también tienen acceso a tecnologías que garantizan continuidad operativa y rentabilidad.
El packaging moderno ha evolucionado para convertirse en mucho más que un simple envoltorio. Es una herramienta que integra tecnología, eficiencia y sostenibilidad. Bien aplicado, no solo puede mejorar la competitividad, sino también ser un factor determinante en la reducción del desperdicio de alimentos, conectando la industria con los consumidores de manera más efectiva.
De cara al futuro, la clave será integrar innovación y conciencia en el diseño de envases que prolonguen la vida útil de los productos y optimicen los procesos de envasado. El packaging no debe ser visto como un accesorio, sino como un aliado estratégico que puede marcar la diferencia entre aprovechar o desperdiciar recursos, y que jugará un papel fundamental en la construcción de un sistema alimentario más justo, eficiente y sostenible.