Académicos del área de la salud de la Universidad de La Serena advierten que los problemas de sueño en niños y adolescentes deben abordarse primero con rutinas saludables y límites en el uso de pantallas.
Recientemente el Instituto de Salud Pública (ISP) detectó un aumento de casos de intoxicación por consumo de melatonina en niños, niñas y adolescentes, lo que motivó una alerta de farmacovigilancia a nivel nacional. Además de esto, según datos del Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica (CITUC), entre 2019 y 2022 se registraron 927 casos de sobredosis en el país, con una alta proporción en menores de edad.
Frente a este escenario, el médico general del Departamento de Salud Estudiantil de la Universidad de La Serena, Fabián Ritz, se refirió a los riesgos del uso de melatonina en niños y adolescentes.
“El principal problema del uso de melatonina en niños y adolescentes es el relativamente bajo número de estudios para corroborar su eficacia en estas edades”, advirtió.
En línea con esto, el médico sostuvo que “en niños y adolescentes, los riesgos a corto plazo son efectos adversos similares a muchos medicamentos, donde destaca la somnolencia, dolor de cabeza, mareos o náuseas, los que no representan un número importante de casos”.
El doctor Ritz también recalcó que “en cuanto al uso a largo plazo, se estudia si puede relacionarse con un cambio en la edad de inicio de la pubertad, pero hasta el momento no se ha demostrado una asociación clara con un retraso ni prematurez puberal”.
En relación a las situaciones en las que podría indicarse melatonina en población pediátrica bajo supervisión médica, el experto especificó que “hay situaciones donde se conoce mejor su utilidad, por ejemplo ante alteraciones del ciclo circadiano, lo que es nuestro reloj interno que nos señala cuándo despertar y cuándo dormir. También en el caso de insomnio asociado a algunas patologías, principalmente del área neurológica, donde se incluye al espectro autista como beneficiario del manejo con melatonina ante trastornos del sueño”.
Pese a esto, el médico indicó que “en el caso del insomnio sin otras enfermedades asociadas, la recomendación es aplicar medidas de higiene del sueño, y solamente si no funcionan evaluar el uso de medicamentos”.
Ahondando en esto Ritz aseguró que “las medidas de higiene del sueño siempre deben aplicarse ante problemas de insomnio, las que consisten en actividades y rutinas que naturalmente ayudan a mejorar el sueño nocturno”.
“Entre estas medidas encontramos no usar café o bebidas estimulantes tras el mediodía, tener un horario constante para dormir y levantarse, evitar el uso de pantallas 1 hora antes de dormir, tener rutinas previo a acostarse, evitar siestas largas o después de las 5 PM, hacer actividad física regular evitando realizarla justo previo a dormir, y buscar que el dormitorio sea un ambiente que favorezca el buen descanso nocturno, como lo es que sea un espacio silencioso, oscuro, y con temperatura agradable al momento de dormir”, agregó.
Señales de alerta
En cuanto a las señales de alerta que deberían reconocer los padres ante una posible intoxicación por melatonina, el doctor Ritz explicó que “no hay una señal inequívoca para confirmar una intoxicación con melatonina. Aún así, los principales elementos que podrían estar relacionados a una intoxicación son una excesiva somnolencia o dificultad para mantenerse despierto, náuseas y vómitos”.
“Lo más importante ante la duda de una intoxicación es consultar con profesionales de salud, acudiendo al centro de salud más cercano”, añadió.
Organización familiar
Sobre esta problemática, la académica del Departamento de Psicología ULS, Susan Galdames hizo hincapié en que “muchas veces la organización familiar a la hora de dormir es muy laxa o adaptada a personas adultas y los niños tienen menos capacidad de autorregulación. Entonces si el niño tiene motivación por seguir viendo tv o pantallas y no se le ofrecen límites, puede ir adaptándose a no dormir lo necesario, lo que afecta al desarrollo normal del niño o adolescente”.
Respecto a si la ansiedad podría interferir en el buen dormir de niños y adolescentes, la doctora en Psicología y Directora de Postgrados y Postítulos de la Universidad de La Serena, señaló que “considero que no es el factor principal, pero los síntomas de ansiedad pueden terminar en trastornos del sueño. En ese caso, es más importante aún, que se tengan rutinas saludables de alimentación, uso regulado de pantalla, dinámicas que favorezcan la relajación como leer cuentos y disminuir los estímulos del ambiente”.





